domingo, 12 de febrero de 2012

Vergüenza nacional

Resulta difícil escribir acerca del combate entre Luis Lazarte (49-11-2, 19 K.O) y el filipino Jonhriel Casimero (16-2-0, 10 K.O) cuando un hecho lamentable y bochornoso para el pugilismo nacional fue el principal protagonista de la velada marplatense. En juego estaba nada más y nada menos que el título interino minimosca de la FIB, a la vez que el "Mosquito" se encontraba ante la última posibilidad de su extensa carrera de hacerse con un cetro mundialista; no obstante, aquellos condimentos quedaron a un lado con el transcurrir de la noche.
Desde el comienzo del pleito Casimero se mostró superior al argentino. Más movedizo a la hora de eludir y más punzante a la hora de impactar, progresivamente el oriundo de Ormoc City marcó diferencias respecto al veterano. Sin embargo y producto de su impotencia, Lazarte comenzó a ensuciar el duelo, con golpes bajos, en la nuca e incluso mordió en dos ocasiones al visitante, quien entró un poco en el juego y, al igual que el marplatense, recibió quita de puntos.
Lo más vergonzoso de la velada se vivió en el décimo round, cuando el filipino noqueó al "Mosquito". De allí en más el Sindicato de Camioneros pretendió convertirse en el protagonista de la jornada y empezó no sólo a arrojar botellas y sillas hacia el cuadrilátero, sino que algunos afiliados subieron al ring con la intención de golpear al boxeador asiático y a todo su equipo. La policía brilló por su pasividad, los disturbios duraron varios minutos y, aunque resulte paradójico, pudo haber sido peor.
El balance, obviamente, es negativo desde todo punto de vista. El primer gran perjudicado es el pugilisimo nacional, quien debe tomar las medidas necesarias para erradicar actos como éstos ya que no es la imagen que un deporte que tanto le ha dado al país debe dejar en el mundo; y, finalmente, el otro gran afectado es Lazarte. Un hombre que ha sabido ser campeón mundial culmina su carrera rentada (anunció su retiro post combate) dejando la peor imagen, no sólo apelando a sucias artimañas que fueron moneda corriente en su historia personal para ganar contiendas, sino amedrentando al árbitro con frases como "¿Querés salir vivo de acá?".
En definitiva, el boxeo argentino merece otro marco, otra organización y también de parte de los protagonistas, otro profesionalismo a la hora de ganarse el pan.

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