martes, 18 de septiembre de 2012

Ya es leyenda

 
Sergio Gabriel Martínez (50-2-2, 28 K.O) recuperó lo que siempre fue suyo. Fue paciente, como en el cuadrilátero, soportó las "volteretas" de un Julio César Chávez Jr. (46-1-1, 32 K.O) que parecía no querer enfrentarlo y, cuando tuvo su gran oportunidad, no la dejó pasar. En el Thomas & Mack Center de Las Vegas, "Maravilla" dio cátedra de boxeo y se hizo nuevamente con el título mundial mediano de la CMB, aquel que alguna vez consiguiera y defendiera con orgullo su compatriota Carlos Monzón.
Era la velada del año. Programas televisivos, declaraciones explosivas y un pesaje a puro show habían sido la entrada a un plato principal que se auguraba espectacular. Martínez había anunciado que haría sufrir a su rival, mientras que el azteca había amenazado con que retiraría al argentino tras el combate. La realidad fue que todo el cotillón previo se vio materializado en el ring.
A lo largo de casi toda la contienda hubo una constante: "Maravilla" siempre movedizo, trabajando con su artesanal jab para mantener alejado a Chávez y esbozando unos precisos "uno dos" que progresivamente hicieron mella sobre el rostro del mexicano. El hijo de la leyenda no lograba encontrarle la vuelta a un adversario que jamás representó un blanco fijo y hasta dio la impresión de que no se animaba a esbozar un ataque furioso por temor a ser pillado por algún punzante contragolpe del quilmeño.
El boxeo y la confianza de Martínez fueron en ascenso, a punto tal que por momentos osó a plantarse cara a cara, en una estrategia que sin lugar a dudas le venía mejor a su oponente. No obstante, incluso en aquel panorama, el argentino parecía salir airoso, quedándose con el último impacto en casi todos los cruces.
Llegada la última vuelta, Chávez aparentaba abatido. Nariz sangrante, arco superciliar inflamado y un boxeo apagado hacían pensar que el triunfo de "Maravilla" era un hecho. Quizá también así lo entendió él, puesto que pareció salir con la intención de terminar el combate a toda orquesta, noqueando a un adversario que jamás había besado la lona en su carrera. Sin embargo, aquel atrevimiento casi opaca la brillante actuación hasta allí esbozada. Y es que en uno de esos encuentros, el azteca combinó con potencia y justeza probablemente por primera vez en la noche y envió a la lona al zurdo.
Tras levantarse tambaleante y con la mirada un tanto perdida, emergió el corazón de quien a la postre se consagró campeón del mundo. Se paró, aguantó los embistes de un Chávez que a esa altura también estaba agotado e incluso, desafiando a lo que cualquier espectador y periodista pensaba en aquel momento, volvió a exponerse a intercambios riesgosos. No obstante, "Maravilla" terminó de pie y las tarjetas hicieron justicia: fue declarado ganador en fallo unánime, con parciales de 117-110, 118-109 y 118-109.
La caída en el último asalto no hizo más que brindar dramatismo a una velada en la cual el boxeo de Sergio Martínez conquistó nuevamente al mundo; recuperó el cinturón que nunca debió habérsele extirpado y demostró que con entrenamiento, responsabilidad y sueños de grandeza no hay organización ni consejo que pueda con él.

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