jueves, 25 de octubre de 2012

Logró salir del "Laberinto"


Tras una de las semanas más difíciles de su vida, donde padeció la muerte de su padre, Omar Narváez (37-1-2, 20 K.O) logró sobreponerse a la adversidad y venció por nocaut en el undécimo round al mexicano Johnny García (16-4-1, 8 K.O) para retener su cetro mundial supermosca de la OMB.
El mítico Luna Park fue el escenario elegido para la quinta defensa del chubutense. Ante la ausencia de un rival de fuste (el azteca no se ubica ni por asomo entre los mejores exponentes de la división), "El Huracán" tenía como mayor desafío no sólo satisfacer a un público que lo ha erigido hace tiempo como un héroe deportivo, sino demostrar la fortaleza mental que se imponía como necesaria tras la desgracia vivida días antes a la pelea. Y, como casi siempre en su carrera, el argentino cumplió.
"Laberinto" García hizo honor a su apodo en las primeras vueltas ya que resultó un verdadero enigma para Narváez encontrar el tiempo y la distancia del retador, a punto tal que el norteamericano se llevó el segundo y tercer episodio a través de sólidas combinaciones, tanto al cuerpo como a la cabeza del campeón. No obstante, del cuarto round en adelante la pelea cambió. El ex monarca mosca comenzó a llegar con limpieza sobre el rostro de su adversario, sacando máximo provecho a su siempre efectiva lectura de los avances rivales y a su pulida defensa.
Los episodios transcurrieron con predominio del "Huracán", y el primer desborde llegó en la séptima vuelta, cuando García cayó a la lona y fue salvado por la campana. Tras nueve minutos llegó el definitivo desborde; el patagónico combinó con contundencia y precisión y, aprovechando el agotamiento de su oponente, lo noqueó en tres ocasiones, garantizándose así defender por quinta vez su cinturón.
La calidad de Narváez no está en duda ni jamás lo ha estado. Siempre se le ha destacado su profesionalismo, gran talento y coraje a lo largo de su carrera, ni hablar de su vigencia. Pero es preciso reconocer que el actual campeón supermosca ya tiene 37 años y la siempre presente sensación de querer verlo enfrentar a los mejores púgiles a nivel mundial emerge tras sus veladas en el Luna. El don boxístico con el que nació el chubutense amerita medirse contra la máxima oposición posible. Para este periodista resulta un desperdicio que semejante luchador se circunscriba a combatir ante oponentes de segunda línea continental; ojalá que en los años restantes esta tendencia cambie, pero claro, no parece ser lo que a su promotor le convence.

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